martes, 2 de abril de 2013

HOY ME TRANSFORME EN ANTON EGO


En la tarde de hoy me aventure a comer en un restaurante retirado de mi trabajo con las ganas de caminar y explorar el sector donde laburo, de repente encontré el típico corrientazo, pero este lugar además de tener un menú variado, tenia algo inusual. Una decoración muy colombiana. Costales forraban la caja registradora, un arpa armonizaba el ambiente y las redes de los pescadores se esparcían por el techo. La atención del lugar era excelente, una joven muy enérgica me atendía, le solicite una pasta con boloñesa y un jugo de mango, la sopa la cambie por huevo.  

Al terminar de digerir mis alimentos me pasaron el postre, unas deliciosas fresas con crema, al ponerlas en mi boca su sabor me traslado a mi infancia, a los días donde yo madrugaba a las tres de la mañana, me bañaba tipo tres y media, me despedía de mi madre tipo cuatro y emprendía camino con mi padre al trabajo. Él era mulero y transportaba productos para construcción de Bogotá a Chía y viceversa. Dentro de este trayecto en la vía Sopo existían una parada obligatoria, las deliciosas fresas con crema. Esa madrugada valía la pena por esas deliciosas fresas con crema y hoy al colocar ese manjar en mi paladar me supo a madrugada, beso de mamá y trayecto con papá y recordé que a Anton Ego también le paso lo mismo en Ratatoille. 

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